Encuentro entre Publio Cornelio Escipión Africano y Aníbal


El post que nos ocupa hoy se centra en una curiosa anécdota: “El encuentro entre Escipión y Aníbal”. Es difícil imaginar lo que debió ser esa charla entre dos enemigos en el campo de batalla pero que se profesaban afecto al reconocer en el otro un rival digno de su genio militar. Los grandes en todos los órdenes de la vida necesitan y han necesitado un némesis, un antagonista, un contrario que sea casi tan bueno como ellos para que su genio y su grandeza reluzca más.

La anécdotas nos ha llegado por dos fuentes distintas, al menos son las que yo conozco, por Tito Livio y por Apiano Alejandrino. Como no son muy extensas expondré ambas versiones. Sólo indicar que ya habían dialogado antes en Zama (ya nos referiremos en post próximos a este encuentro) y que  el valor de éste radica en que ambos ya habían dado lo mejor y se encontraban al final de sus vidas, mientras que en Zama estaban en plenitud de sus facultades, vigor, energía, capacidad, poder…ahora en se encuentran con la sabiduría, templanza y sosiego que da la experiencia pero también con la sensación que lo que podían hacer ya pasó. Dicho esto, pasemos a conocer la anécdota de la mano de los clásicos.

Corresponde este encuentro al de Zama

La primera versión es la de Tito Livio Ab urbe condita Liber XXXV, 14:

En latín:

Sulpicius aeger Pergami substitit; Uillius cum Pisidiae bello occupatum esse regem audisset, Ephesum profectus, dum paucos ibi moratur dies, dedit operam ut cum Hannibale, qui tum ibi forte erat, saepe congrederetur, ut animum eius temptaret et, si qua posset, metum demeret periculi quicquam ei ab Romanis esse. iis conloquiis aliud quidem actum nihil est, secutum tamen sua sponte est, uelut consilio petitum esset, ut uilior ob ea regi Hannibal et suspectior ad omnia fieret.

Claudius, secutus Graecos Acilianos libros, P. Africanum in ea fuisse legatione tradit eumque Ephesi conlocutum cum Hannibale, et sermonem unum etiam refert: quaerenti Africano quem fuisse maximum imperatorem Hannibal crederet, respondisse Alexandrum Macedonum regem, quod parua manu innumerabiles exercitus fudisset quod<que> ultimas oras, quas uisere supra spem humanam esset, peragrasset. quaerenti deinde quem secundum poneret, Pyrrhum dixisse: castra metari primum docuisse, ad hoc neminem elegantius loca cepisse, praesidia disposuisse; artem etiam conciliandi sibi homines eam habuisse ut Italicae gentes regis externi quam populi Romani, tam diu principis in ea terra, imperium esse mallent. exsequenti quem tertium duceret, haud dubie semet ipsum dixisse. tum risum obortum Scipioni et subiecisse ‘quidnam tu diceres, si me uicisses?’ ‘tum uero me’ inquit ‘et ante Alexandrum et ante Pyrrhum et ante alios omnes imperatores esse.’ et perplexum Punico astu responsum et improuisum adsentationis genus Scipionem mouisse, quod e grege se imperatorum uelut inaestimabilem secreuisset.

Podemos traducirlo como:

“Debido a la enfermedad, Sulpicio se detuvo en Pérgamo; entre tanto, Vilio marchó a Éfeso, pues había escuchado que el rey había iniciado las hostilidades en Pisidia. Permaneció allí unos días y, como resultó que Aníbal estaba allí por entonces, hizo cuanto pudo para entrevistarse con él, enterarse de sus planes futuros y, de ser posible, alejar de su mente cualquier temor de que le amenazase algún peligro de Roma. Nada más se discutió en las entrevistas, pero sí tuvieron un resultado que, aunque sin intención, pareció deliberadamente buscado, pues hizo disminuir la influencia de Aníbal sobre el rey y atrajo la sospecha sobre cuanto decía o hacía. Claudio, siguiendo los libros escritos en griego de Acilio, dice que Publio Africano fue uno de los delegados y que mantuvo conversaciones con Aníbal en Éfeso; recogiendo, incluso, una de estas. Africano preguntó a Aníbal quién había sido, en su opinión, el más grande general; su respuesta fue “Alejandro de Macedonia, pues con un puñado de hombres derrotó a innumerables ejércitos y recorrió las partes más distantes del mundo, que ningún hombre esperaba visitar“. Africano le preguntó a quién pondría en segundo lugar, y Aníbal respondió: “A Pirro, porque fue el primero en enseñar cómo disponer un campamento y, además, porque nadie mostró más inteligencia en la elección de posiciones y en la disposición de las tropas. Poseía también el arte de atraerse a la gente, al punto que logró que los pueblos de Italia prefirieran el dominio de un rey extranjero al del pueblo romano, que durante tanto tiempo había estado a la cabeza de aquel país“. Al volverle a preguntar Escipión a quién consideraba el tercero, Aníbal, sin ninguna duda, respondió: “Yo mismo“. Riendo abiertamente, Escipión le preguntó: “¿Qué dirías si me hubieras vencido? ” “Pues la verdad; en ese caso, respondió Aníbal, debería ponerme por delante de Alejandro y de Pirro y de todos los demás generales“. Esta respuesta, dicha con aquella astucia cartaginesa y a modo de sorprendente halago, impresionó a Escipión, pues lo había colocado aparte del resto de generales, como si no admitiera comparación”.

La segunda versión es la de Apiano Alejandrino en su libro Historia Romana en la parte dedicada a las Guerras romano-sirias, también se llama esta parte del libro Syriacas:

En cierta ocasión estaban charlando Escipión y Aníbal en un gymnasium sobre el oficio de general en presencia de muchos, y , al preguntar Escipión quién le parecía que era el mejor general de la historia, Aníbal le dijo: “Alejandro de Macedonia”.

Escipión asintió al respecto, al considerar también el mejor a Alejandro, y le volvió a preguntar quién sería el segundo, después de Alejandro. Aníbal respondió, ya que consideraba que la virtud de un general residía en su valor: “Pirro de Epiro, pues no es posible encontrar a nadie más sumamente valeroso que estos dos reyes”.

Aunque a Escipión esto ya le molestó, aun así volvió a preguntar a quién le concedería la tercera posición, esperando con certeza que al menos le eligiese en tercer lugar. Pero Aníbal dijo: “A mí mismo, pues cuando aún era joven conquisté Iberia y crucé con un ejército los Alpes (el primero, después de Heracles) hasta Italia, sin que ninguno de vosotros fuera capaz de derrotarme; devasté 400 ciudades y muchas veces llevé el combate cerca de vuestra ciudad, sin que se me enviaran recursos ni soldados desde Cartago”.

Como Escipión veía que Aníbal no paraba de elogiarse, dijo riéndose: “¿Dónde te pondrías a ti mismo, Aníbal, si no hubieras sido derrotado por mí?”. Aníbal dijo, al percibir el resquemor de Escipión: “Yo por mi parte me pondría a mí mismo por delante de Alejandro”.

Al actuar de esta forma, Aníbal continuo elogiándose, pero también, como sin quererlo, honró a Escipión, ya que había subyugado a alguien mejor que Alejandro.

 

Para ver como lo cuenta Don Santiago Posteguillo en su libro La traición de Roma, que es el tercero que completa su trilogía sobre Publio Cornelio Escipión Africano, click aquí.

 

Por último en el mapa vemos donde se produjo el encuentro, que fue en Éfeso, ciudad que hoy pertenece a Turquía

 

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3 Respuestas a “Encuentro entre Publio Cornelio Escipión Africano y Aníbal

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