Están locos estos romanos, pero este más: Heliogábalo


Con esta frase de nuestro buen Obélix queremos mostraros algo de la vida de Heliogábalo (realmente con este nombre se le conoció mucho después de su muerte ya que accedió al cargo de emperador con el nombre de Marco Aurelio Antonino Augusto) nacido en Siria circa (siempre he querido decir esta palabra) 203 y muerto en Roma el 11 de marzo de 222. Como vemos tuvo una vida corta pero ya os adelanto que intensa.

Fue un emperador romano de la dinastía Severa que reinó desde el año 218 hasta el 222 (A ver si vosotros desde los 15 a los 19 años  habéis hecho algo mejor). Su nombre antes de ser emperador era Vario Avito Bassiano, hijo de Julia Soemia Basiana (se dice que nada hacía sin consultarla y que ella era la que tomaba las decisiones relevantes, además, y quizás esto explica el comportamiento de su hijo, ella llevaba una vida similar a la de las meretrices, cometiendo en Palacio todo tipo de deshonestidades) y Sexto Vario Marcelo, y en su juventud (si es que tuvo, ya que con menos de 15 años no da para demasiado) sirvió como sacerdote del dios El-Gabal en su ciudad natal, Emesa.

Al morir asesinado en el 217 el emperador Caracalla fue reemplazado por Marco Opelio Macrino. La tía materna de Caracalla, Julia Mesa, promovió con éxito una revuelta entre la Legio III Gallica para conseguir que su nieto mayor, Heliogábalo, fuera declarado emperador en su lugar. Macrino fue derrotado el 8 de junio de 218, en la Batalla de Antioquía.

Lo mejor para un advenedizo de 14-15 años es empezar ignorando lo más profundo de las creencias de sus subordinados, esto es: ignorar las tradiciones religiosas; y si no fuera poco, también “se pasó por el Arco del Triunfo de Tito” los tabúes sexuales de Roma. Siguió haciendo amigos cambiando a Júpiter, cabeza del panteón romano, por un nuevo dios de carácter menor, Deus Sol Invictus, y obligó a miembros destacados del gobierno de Roma a participar en los ritos religiosos en honor de esta deidad, la cual dirigía personalmente. Fue capaz de casarse 5 veces (No salen las cuentas de cuanto le duraba cada uno); se dice que otorgó favores a personas que se creía pudieran ser sus amantes homosexuales, hasta el punto de que se le acusó de haberse prostituido el mismo en el palacio imperial. Su comportamiento provocó el rechazo de la Guardia Pretoriana, el Senado romano y el pueblo de Roma (también podríamos decir el rechazo de todos).

En este estado de cosas (odiado por todos), Heliogábalo, de sólo 18 años de edad, fue asesinado y reemplazado por su primo, Alejandro Severo el 11 de marzo de 222, en un complot tramado por su abuela, Julia Mesa, y por miembros de la Guardia Pretoriana. Heliogábalo desarrolló entre sus contemporáneos una reputación de excentricidad, decadencia y fanatismo que fue probablemente exagerada por sus sucesores y rivales políticos, esta propaganda trascendió posteriormente y, como resultado de ello, Heliogábalo es uno de los emperadores romanos más vilipendiados por los historiadores antiguos. Por ejemplo, Edward Gibbon escribió que Heliogábalose abandonó a los placeres más groseros y a una furia sin control.” B.G. Niebuhr consideró que el nombre de Heliogábalo quedaba grabado en la historia por encima de otros debido a su “indescriptiblemente desagradable vida“.

Según Elio Lampridio en la Historia augusta, los excesos de Heliogábalo no tuvieron fin. De comportamiento transexual, buscaba emisarios por toda Roma que le procurasen hombres bien dotados y “representaba en la corte la leyenda de Paris, haciendo él mismo el papel de Venus, de tal manera que, inesperadamente, dejaba caer sus vestidos hasta los pies y se ponía desnudo, de rodillas, con una mano en pecho y otra en los genitales, echando hacia atrás sus nalgas y presentándoselas a su amante. Depilaba todo su cuerpo y configuraba además su rostro con la misma figura que a Venus, pues se consideraba capaz de satisfacer la pasión de muchísimas personas.”

En Roma nadie se atrevía a rechazar una invitación para cenar con el emperador. Lo mejor que se podía esperar era una velada de lo más desagradable; lo peor una muerte particularmente indigna. Porque el joven emperador dedicó su corto reinado a gastar pesadísimas bromas a algunos de sus infortunados súbditos.

Una de sus diversiones predilectas era invitar a cenar a los siete hombres más gordos de Roma. Se les sentaba en almohadones llenos de aire que eran pinchados de improviso por unos esclavos, derribando al suelo a los obesos comensales. A otros invitados se les servía comida artificial elaborada con cristal, mármol y marfil. La etiqueta exigía que la comieran.

Cuando se servía auténtica comida, los invitados debían estar preparados para encontrar arañas en la gelatina o excremento de león en la repostería. Quien comía demasiado y se quedaba adormilado podía despertar en una habitación llena de leones, leopardos y osos. Si sobrevivía a la impresión pronto descubría que los animales estaban domesticados.

Heliogábalo era muy aficionado a los animales, y con frecuencia su carroza era tirada por perros, ciervos, leones o tigres. Pero existían las mismas probabilidades de verlo llegar a una ceremonia oficial en una carreta tirada por mujeres desnudas.

Con frecuencia ordenaba a sus esclavos que recogiesen telas de araña, ranas, escorpiones o serpientes venenosas que enviaba como regalo a sus cortesanos. En cierta ocasión concibió la idea aparentemente placentera de derramar pétalos de rosa sobre los invitados a una de sus cenas. Pero empleó tal cantidad que algunos de los comensales se asfixiaron.

Realizó sacrificios de toros en honor a Ceres y otras divinidades sobre una plataforma con orificios, bajo la que recibía la sangre de la víctima ofrendada. Practicó también los ritos de Salambo, que incluían el acto de castración en conexión con distintos cultos orientales. Sacrificó víctimas humanas, eligiendo para ello en toda Italia niños nobles y hermosos cuyos padres y madres vivieran aún con el fin de que la muerte les resultara más dolorosa a ambos.

Construyó unos baños públicos en la mansión imperial y, al mismo tiempo, abrió al pueblo los de Plauciano, para poder así descubrir las cualidades de los hombres mejor dotados sexualmente. Puso un particular empeño en que buscaran a los “onobelos” (en griego “de pene de asno”), por los lugares más escondidos de toda la ciudad y entre los marineros. Durante su gobierno, encumbró al poder a Aurelio Zotico, un atleta de Esmirna llevado a Roma por orden suya, con quien se casó.

Llamó para ocupar la prefectura del Pretorio a un bailarín que había actuado en Roma como actor, nombró prefecto de la guardia al auriga Cordio y prefecto de los víveres al barbero Claudio. Ordenó recaudar los impuestos de herencias a un mulatero, a un corredor, a un cocinero y a un cerrajero.

Sus despilfarros vaciaron las arcas del estado. En ocasiones se hacía construir un baño suntuoso, lo utilizaba una sola vez y luego lo mandaba destruir. Se dice que fue el primero de los romanos que usó vestidos confeccionados totalmente en seda, llamando mendigos a los que usaban por segunda vez una vestimenta que hubieran lavado. Jamás emprendió un viaje con menos de sesenta carruajes. Disponía de carros cubiertos de piedras preciosas y oro y despreciaba los que estaban hechos de plata, marfil o bronce. Capturó una ballena y la pesó, haciendo servir a sus amigos una cantidad de pescado proporcional al del peso de aquella. Hizo hundir en el puerto navíos ya cargados, diciendo que esta acción era una muestra de su magnanimidad.

Pero Roma no aprobaba su suntuosa manera de vivir, ni compartía su sentido del humor. Su propia guardia pretoriana lo asesinó obedeciendo órdenes de su abuela. Ahogado en excrementos en una letrina, su cuerpo fue arrastrado por las calles de Roma y arrojado al Tíber con un peso atado al cuello para que no tuviera sepultura.

Para mí Heliogábalo, fue un principio del fin, un emperador decadente para un imperio decadente y en una sociedad decadente con unos principios corrompidos.

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Una respuesta a “Están locos estos romanos, pero este más: Heliogábalo

  1. Lo he leído y me ha sido imposible no acordarme de Nerón, otro hombre elevado al trono siendo poco más que un niño, bajo la sombra permanente de su madre Agripina, y que se corrompía mientras las tareas de gobierno eran llevadas de forma eficaz por Séneca. Cuando finalmente Nerón quiso gobernar por sí mismo (después de matar a su madre y a Burro y de intentarlo con Séneca) pasó lo que pasó.

    Muy ameno e informativo.

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