Strategemata (I): Capítulo III sobre cómo determinar el carácter de la guerra


Ya hemos hablado en post anteriores sobre este libro (Strategemata) escrito por Frontino. Hoy nos centramos en tres de sus ejemplos.

1) Siempre que Alejandro de Macedonia tenía un ejército fuerte, escogía la clase de guerra en la que él podía luchar en batalla abierta.

2) Cayo César, en la Guerra Civil, teniendo un ejército de veteranos y sabiendo que el el enemigo tenía sólo reclutas recién incorporados, se esforzaba siempre por luchar en batalla abierta.

3) Fabio Máximo, comprometido en la guerra con Aníbal, inflado por su éxito en batalla, decidió evitar cualquier riesgo peligroso y consagrarse solamente a la protección de Italia. Por esta política se ganó el nombre de Cunctator (“El demorador”) y la reputación de un consumado general.

Nota: Año 217 a.de C. Tito Livio, 22:12 : «El dictador, habiendo recibido el ejército del cónsul de manos del legado Fulvio Flaco, marchó a Tíbur, por el territorio sabino, el día señalado para la reunión de los nuevos soldados. De allí pasó a Prenesto, y por caminos de travesía tomó la vía Latina, desde donde, haciendo reconocer cuidadosamente los caminos, marchó hacia el enemigo, muy decidido a no intentar fortuna en ninguna parte, mientras la necesidad no le obligase a ello. El primer día que acampó cerca de Arpi, en presencia del enemigo, Aníbal desplegó en el acto su ejército y presentó batalla; pero en cuanto vió que todo permanecía tranquilo entre los romanos, y que su campamento continuaba en completa inmovilidad, exclamó orgullosamente que al fin estaba abatido el ánimo marcial de los romanos, que la guerra estaba terminada, que claramente le habían cedido el premio del valor, y de la gloria, y se retiró a su campamento. Sin embargo, interiormente experimentaba profunda inquietud porque tenía que habérselas con un general que en nada se parecía a Flaminio y a Sempronio, y porque los romanos, aleccionados por la desgracia, habían elegido al fin un jefe digno de Aníbal. En el primer momento temió la prudencia si no la energía del dictador. No habiendo puesto a prueba todavía su constancia,procuró tentarle e impacientarle, descampando frecuentemente y talando ante sus ojos los terrenos de los aliados. En tanto desaparecía rápidamente, en tanto se paraba de repente en algún recodo que le ocultaba, para ver si podía sorprenderle en campo raso. Fabio mantenía su ejército en las alturas, a corta distancia del enemigo, de manera que no pudiese escapar ni verse tampoco obligado a combatir. Los soldados estaban retenidos en el campamento a menos de absoluta necesidad; no salían a forrajear y recoger leña ni en corto número ni en desorden. Una fuerza de caballería y de tropas ligeras, organizada y equipada para las alarmas repentinas, cuidaba de la seguridad de los suyos y castigaba a los merodeadores enemigos que se atrevían a separarse. El dictador no quería arriesgar un combate general, sino que con ligeras escaramuzas trabadas sobre seguro y siempre al alcance de buena retirada, enseñaba a sus soldados, asustados por las recientes derrotas, a desconfiar menos de su valor y fortuna».

En estos primeros ejemplos se aprecia una enseñanza sencilla, al menos en apariencia, que resumo “Aprovecha tus puntos fuertes y ventajas”. Considero que muchas veces en nuestra vida cotidiana no hacemos aquello que mejor sabemos hacer y, en no pocas veces, lo que exponemos son nuestras debilidades. Este consejo vale para todos los órdenes de la vida: desde la chica que sabe sacarse partido potenciando las partes de su cuerpo que son mejores; pasando a un examen de universidad; o una entrevista de trabajo. Saber de nuestras fortalezas y saber cuándo y dónde usarlas es, aunque parezca un asunto baladí, una virtud extraordinaria en la guerra y la vida. Tan importante es administrar los puntos fuertes (como se ve en los dos primeros ejemplos) como conocer nuestras debilidades y minimizarlas y no exponerlas (como en el tercer ejemplo). Nunca debemos perder la cabeza por orgullo, soberbia, prepotencia… ya que nos harán perder la guerra.

En términos empresariales o en la vida hay que tener un DAFO sobre los mismos.

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