Inter nos: El aspecto físico de Julio César y el nuevo busto del Ródano


Supongo que forma parte inseparable de la curiosidad humana la necesidad de dar rostro a aquellos personajes de la Historia cuyos rasgos físicos desconocemos. No nos basta con conocer las grandes hazañas de cualquiera de los personajes que por uno u otro motivo capten nuestro interés, y por muy superflua que sea esa necesidad de imaginar cómo fueron físicamente, no podemos evitar que una sensación de profundo disgusto nos sobrevenga al descubrir que en demasiadas ocasiones no existe una sola imagen que les represente de forma fidedigna. El resultado no es otro que el de acudir con inevitable frecuencia a estereotipos físicos creados las más de las veces por artistas bienintencionados y que contribuyen a formar una “imagen mental” que con una alta probabilidad nada tenga que ver con la realidad.

El busto del supuesto Cesar

El busto del supuesto Cesar

La noticia del hallazgo de un busto de Cayo Julio César (100-44 a.C.) que habría permanecido sumergido en el Ródano hasta su hallazgo en 2007 trajo consigo hace un año una imagen del dictador romano considerablemente distinta de la que presenta el resto de su estatuaria y que se halla grabada en la mente de todos. Luc Long, el flamante descubridor del nuevo busto en Arlés, lo presentó a los medios como la más antigua representación de César, realizada mientras vivía y fechándolo hacia el 46 a.C., es decir, unos dos años antes del asesinato del dictador. Desde entonces se han alzado voces cuestionando la atribuida identidad del personaje retratado y la falta de datos concluyentes para afirmar sin sombra de dudas que se trate de César. Pero, ¿qué nos dice la Historia sobre su aspecto físico?

Busto de Julio Cayo Cesar en Tusculum

Busto de Julio Cayo Cesar en Tusculum

Por mucho que le pese a Long, sí que existe una representación de César mientras vivía: las monedas acuñadas con su efigie. Como es lógico, este perfil no puede considerarse más que un retrato mediocre desde el punto de vista artístico, pero al menos presenta rasgos físicos muy bien definidos y que no coinciden con los del “nuevo” busto de Arlés, planteando sobras sobre su autenticidad: el César de las monedas (única representación de autenticidad incuestionable) llama la atención por su rostro estrecho y nariz recta, con cuello largo y delgado sembrado de poco estéticas arrugas y que asemeja a un estrecho “tubo” coronado por un voluminoso cráneo.

Esta representación, incuestionablemente real, coincide enormemente con el busto desenterrado en Tusculum en el XIX, considerado también de época del dictador, lo que echaría por tierra la afirmación de que el cada vez más supuesto retrato de Arlés es la representación “más antigua” de César. Si el busto de Tusculum pertenece realmente a Julio César, y todo parece indicar que así es, estaríamos ante una representación del dictador que contaría con la gran ventaja de no presentarle de forma idealizada (como fue práctica habitual tras su muerte), sino con un alto grado de autenticidad y verismo. No hay más que comparar el perfil de este busto con la imagen de la moneda para descubrir que las facciones son idénticas: misma forma del cráneo, misma nariz y boca pequeña (apenas insinuada en la moneda, lo que vuelve otra vez a chocar con la imagen de Arlés) e idéntico cuello estrecho y arrugado.

Tenemos, por tanto, dos posibles retratos de César realizados mientras vivía: el de Tusculum y el nuevo de Arlés. El primero coincide milimétricamente con la imagen del dictador acuñada en las monedas, por lo que si se trata de la misma persona en ambos casos, en buena ley debería también coincidir con el recién encontrado en el Ródano, cosa que no ocurre. De hecho, ambos bustos se parecen como un huevo a una castaña, tal y como ha señalado el arqueólogo alemán Paul Zanker en un artículo titulado “Falsa alarma: El busto que el arqueólogo submarino francés ha sacado del Ródano en Arlés no representa a Julio César. Por si fuera poco, los bustos romanos de César realizados póstumamente (quizá el más emblemático sea la famosa cabeza conservada en los Museos Vaticanos) reproducen, aunque de forma muy idealizada, el modelo de Tusculum.

Busto Julio Cayo Cesar Museos Vaticanos

Busto Julio Cayo Cesar Museos Vaticanos

Llegados a este punto cabría preguntarse: ¿es posible que ambos bustos representen al mismo hombre y que las diferencias se deban a la poca pericia del escultor del busto de Tusculum? En mi modestísima opinión, las diferencias entre ambos rostros son tan grandes que simplemente no creo que se trate del mismo hombre. Además, el nuevo busto de Arlés es indudablemente más logrado y de mayor calidad que el algo tosco de Tusculum, que sin embargo es el que coincide con las monedas. Si el busto de Arlés representa a César, no se explica entonces que el refinado artista errase en algo tan elemental como la forma de la cabeza, cuyo aspecto redondeado nada tiene que ver con el estrecho rostro de Tusculum que encontramos también en la mayoría de las estatuas póstumas de Julio César.

Al margen de las representaciones artísticas, los datos que nos han llegado sobre el aspecto físico del dictador son igualmente contradictorios: Suetonio describe a un César alto, algo rechoncho, de piel blanca y ojos negros y vivos, mientras que para Plutarco era de estatura media y delgado. Sabemos que se mantenía en una excelente forma física y que sufría una calvicie que le atormentaba, peinándose el escaso cabello hacia delante para aparentar más pelo del que realmente tenía. Pocos y contradictorios datos, por tanto, como para revestir de autenticidad al nuevo busto.

Sin duda habrá más noticias en los próximos meses sobre este supuesto César que por primera vez no se parece a Rex Harrison. Mi modesta opinión, que no es la de ningún experto, es la de tomar el hallazgo con muchas reservas y continuar inclinando la balanza hacia el tradicional modelo de Tusculum. El tiempo dirá. Claro que cada uno es muy libre de imaginarse al Julio César que quiera.

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4 Respuestas a “Inter nos: El aspecto físico de Julio César y el nuevo busto del Ródano

  1. In my opinion, it is the lack of reliable information about Caesar’s “new” bust which makes me doubt. If it had an inscription with Caesar’s name nobody would have suspected its not an authentic portrait. Furthermore, the man of the Rodanus bust doesn’t look like Caesar’s portrait in the roman coins of his time, whereas the one portayed in the Tusculum bust certainly does.

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